¿Votar o no votar? – esta es la cuestión.

 

A pesar de la importancia que se otorga al derecho de voto sigue en pie el eterno debate, ¿si no me siento representado por ninguno de los partidos políticos, por qué ir a votar? Con diferencias sustanciales entre país y país siempre encontramos un porcentaje de población que elige abstenerse, ¿a qué se debe esta situación?

En España a lo largo de los años el porcentaje de votantes ha ido oscilando alrededor de un 75%, con un pico de 79,82% en 1982 y unas abstenciones record en 1979 y 2000 cuando votó en las elecciones generales respectivamente un 68,04% y un 67,71% de la población. En las elecciones del 26 de junio de 2016 se abstuvo el 30.16% de la población, que corresponde a 10,3 millones de españoles.

Según los expertos existen tres tipos de abstención, la que deriva de una decisión racional, la que es fruto de una rebelión en contra del sistema político o de los partidos y la que surge de acontecimientos independientes de la voluntad del ciudadano, es decir una abstención involuntaria. Cabe destacar que entre las decisiones racionales se encuentra también el desinterés hacia la política, que parece afectar sobre todo los jóvenes. En España, aunque el efecto Podemos-Ciudadano haya causado un importante aumento en el porcentaje de jóvenes que fueron a votar, siguen habiendo entre los votantes más personas mayores de 55 que menores de 34. No obstante, la mayoría de abstenientes de nuestro país declara serlo por desconfianza en los partidos, que nos les representa y por rechazo al sistema político, que consideran ineficaz.

De todos modos, el país donde menos se vota es Chile. Según las encuestas, en las últimas elecciones más del 60% de la población se abstuvo. Se considera como parte de la razón la reforma que en 2012 cambió el voto de obligatorio a voluntario (de hecho se constata de manera general una menor participación en los países donde el voto es voluntario). Por otro lado, hay que decir que en muchos casos los votantes no están registrados en el lugar donde viven y tener que desplazarse para ir a votar es para ellos una razón suficiente para no hacerlo. Sin embargo, la causa principal es sin duda la desconfianza en la utilidad del propio voto.

En contra de los que se abstienen, sea por desinterés o por rebeldía, están los que defienden el derecho al voto como la única arma que permitiría cambiar la situación. Según ellos, el voto representa la esperanza que tiene el ciudadano para mejorar la sociedad. Es más, no consideran la abstención como una opción a considerar porque, aunque exprese una libera elección, no aporta nada nuevo.

Asimismo, hay que considerar que el voto en España no es solamente un derecho, sino que también una obligación. Hay por tanto un porcentaje de ciudadanos que afirma votar porque siente que tiene que. Por otro lado, existen también los llamados votantes incondicionales, es decir los votantes que declaran votar un partido porque siempre lo hicieron o porque se sienten representados por una determinada ideología. Se trata de una categoría que se encuentra sobre todo entre los mayores y que en las elecciones de junio constituyó el 37% de los votantes del PP.  Aquí cabe dar voz a otro debate: ¿es peor no ir a votar o votar sin criterio? La solución al lector.