¿Cómo definir un ciudadano activo?

Lees el periódico todos los días, no te has saltado ni una votación desde los 18 años, estás al tanto de las últimas noticias sobre el gobierno español y tienes unas ideas políticas claras. ¿Se te puede definir un ciudadano activo?

La ciudadanía es una derecho que el individuo toma de forma efectiva una vez alcanzada la mayoría de edad. Eso porque normalmente se considera ciudadano solo él que vota en las elecciones y se estima que es necesaria una preparación previa para poder ejercer las obligaciones y los derechos que la ciudadanía comporta. Entonces, ¿un chico de 16 años que participa activamente en el instituto, por ejemplo siendo representante de los alumnos, no es un ciudadano?  

Un ciudadano activo podría determinarse como él que ejerce real y efectivamente sus derechos y obligaciones, con cada uno de las instituciones y esferas de lo público en una democracia real. Por tanto, no se trata solamente de prestar atención a los acontecimientos políticos sino tomar parte también en las decisiones que conciernen el colegio de tu hijo, la comunidad de vecinos, los espacios públicos del barrio etc…

Es más, ciudadano es a nivel local, nacional e internacional. Los españoles son ciudadanos europeos y, ¿por qué no?, del mundo. Así que ser ciudadano activo se convierte no solamente en saber a quién votar en las próximas elecciones municipales sino que también en tener que preocuparse de la situación de Europa y de los problemas que afectan el planeta entero. De hecho, en las definiciones más modernas de ciudadano activo siempre aparece el concepto de solidaridad. Ya no basta ejercer el derecho al voto y participar en las reuniones de padres para ser ciudadano activo sino que es necesario también ser consciente del calentamiento global y hacer recogida selectiva.  

Esta nueva concepción de ciudadanía está relacionada con la información y el desarrollo de un pensamiento crítico. En democracia, concepto estrictamente relacionado con el de ciudadanía, se respetan las diferentes opiniones pero se pide al ciudadano que tenga unas ideas propias. De ahí que el ciudadano activo es capaz de evaluar y de pensar de manera individual sobre casi cualquier tema. Aquí entran en juego las redes sociales y los medios, que, si por un lado garantizan más libertad de pensamiento al ser variados y accesibles, por el otro a veces hacen que sea difícil llegar a la información esencial.  

Es por esa razón que existen organizaciones como Ciudadano Inteligente que se preocupan de promover la transparencia y la participación ciudadana a través del uso innovador de las tecnologías de la información. El objetivo de este tipo de asociaciones es conseguir que las informaciones que llegan al ciudadano no sean veladas por los intereses de quienes las emiten. Se intenta concienciar y sensibilizar al ciudadano de manera respetuosa, bajo los principios de democracia y libertad de pensamiento y expresión. Es importante entender que no hay ideas políticas mejores que otras sino que opiniones diferentes fundadas sobre el conocimiento.

En conclusión, un ciudadano activo es sobre todo el que siempre está informado, a todos los niveles. Por tanto hay que implementar el interés de los jóvenes en este sentido y conseguir que documentarse sea no solo una obligación sino que sobre todo el placer de ejercer un importante derecho.  

¿Votar o no votar? – esta es la cuestión.

 

A pesar de la importancia que se otorga al derecho de voto sigue en pie el eterno debate, ¿si no me siento representado por ninguno de los partidos políticos, por qué ir a votar? Con diferencias sustanciales entre país y país siempre encontramos un porcentaje de población que elige abstenerse, ¿a qué se debe esta situación?

En España a lo largo de los años el porcentaje de votantes ha ido oscilando alrededor de un 75%, con un pico de 79,82% en 1982 y unas abstenciones record en 1979 y 2000 cuando votó en las elecciones generales respectivamente un 68,04% y un 67,71% de la población. En las elecciones del 26 de junio de 2016 se abstuvo el 30.16% de la población, que corresponde a 10,3 millones de españoles.

Según los expertos existen tres tipos de abstención, la que deriva de una decisión racional, la que es fruto de una rebelión en contra del sistema político o de los partidos y la que surge de acontecimientos independientes de la voluntad del ciudadano, es decir una abstención involuntaria. Cabe destacar que entre las decisiones racionales se encuentra también el desinterés hacia la política, que parece afectar sobre todo los jóvenes. En España, aunque el efecto Podemos-Ciudadano haya causado un importante aumento en el porcentaje de jóvenes que fueron a votar, siguen habiendo entre los votantes más personas mayores de 55 que menores de 34. No obstante, la mayoría de abstenientes de nuestro país declara serlo por desconfianza en los partidos, que nos les representa y por rechazo al sistema político, que consideran ineficaz.

De todos modos, el país donde menos se vota es Chile. Según las encuestas, en las últimas elecciones más del 60% de la población se abstuvo. Se considera como parte de la razón la reforma que en 2012 cambió el voto de obligatorio a voluntario (de hecho se constata de manera general una menor participación en los países donde el voto es voluntario). Por otro lado, hay que decir que en muchos casos los votantes no están registrados en el lugar donde viven y tener que desplazarse para ir a votar es para ellos una razón suficiente para no hacerlo. Sin embargo, la causa principal es sin duda la desconfianza en la utilidad del propio voto.

En contra de los que se abstienen, sea por desinterés o por rebeldía, están los que defienden el derecho al voto como la única arma que permitiría cambiar la situación. Según ellos, el voto representa la esperanza que tiene el ciudadano para mejorar la sociedad. Es más, no consideran la abstención como una opción a considerar porque, aunque exprese una libera elección, no aporta nada nuevo.

Asimismo, hay que considerar que el voto en España no es solamente un derecho, sino que también una obligación. Hay por tanto un porcentaje de ciudadanos que afirma votar porque siente que tiene que. Por otro lado, existen también los llamados votantes incondicionales, es decir los votantes que declaran votar un partido porque siempre lo hicieron o porque se sienten representados por una determinada ideología. Se trata de una categoría que se encuentra sobre todo entre los mayores y que en las elecciones de junio constituyó el 37% de los votantes del PP.  Aquí cabe dar voz a otro debate: ¿es peor no ir a votar o votar sin criterio? La solución al lector.