Los derechos civiles que a veces olvidamos tener (o respetar).

Los derechos humanos, o naturales, son esos derechos que se consideran propios del individuo, es decir los que garantizan a todos los ciudadanos poder vivir ejerciendo su libertad. Surgen en Francia después de la Revolución Francesa de 1789 y se basan en los principio de libertad, igualdad y fraternidad. Gracias a la recopilación de estos derechos en la Constitución (es así que se convierten en civiles) tenemos garantía legal de ser respetados y no discriminados en cualquier situación. ¿Vivimos de verdad en un mundo tan idílico?

En 2015 el Comité de Derechos Humanos de la ONU emitió un documento en el que manifestaba su descontento y sus preocupaciones hacia unas medidas del gobierno español debido a que estas no respetan del todos (o para nada) los derechos civiles que tanto ostentamos tener. La Ley de Amnistía de 1977, para mencionar un ejemplo, impide investigar sobre los crímenes cometidos durante el franquismo haciendo imposible encontrar los responsables de las violencias denunciadas, a pesar del derecho civil de Nadie será sometido a torturas ni a penas o tratos crueles, inhumanos o degradantes, ni se le podrá ocasionar daño físico, psíquico o moral. También se criticó la Ley de Seguridad Ciudadana, que limita drásticamente las libertades de opinión, de expresión de ideas, de reunión y de asociación pacífica puesto que, por citar unas de las faltas, se sancionará con una multa que va de 30.001 a 600.000 euros a quién organice una manifestación ante infraestructuras críticas sin comunicación previa.

Toda persona tiene derecho al trabajo en condiciones equitativas y satisfactorias, que lo sepas. Te resultarás curioso si eres un becario mal pagado, pero eso afirma la Constitución. También te parecerá raro si eres una mujer y sigues cobrando menos de tus colegas hombres simplemente por el hecho de poder quedarte embarazada. Pero así es y se lo puedes decir a los que quieran convencerte de que estás ganando en experiencia o de que no estás apta por un puesto de dirigencia porque en algún momento querrás ser madre. Ya, pero cuando la alternativa a este trabajo no equitativo ni satisfactorio es no tener trabajo…  

Seguimos, en el artículo 14 de la Constitución se afirma que “Los españoles son iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social” pero somos víctimas cada día de violaciones a este derecho. A pesar de la sensibilización que se promueve, sigue habiendo una enorme e injustificada cantidad de casos de actitudes xenófobas por parte de los policías, lo confirma un informe de la Universidad de Valencia del 2013. Aunque cabe destacar que la relación inmigración-violencia es uno de los prejuicios que constituyen nuestra vida diaria, o nunca has leído titulares como “Brutal paliza a siete policías fuera de servicio en Tetuán por un grupo de dominicanos”?

Si tienes rasgos sudamericanos, entonces, espérate llamar más la atención de los policías al andar por Lavapiés. Si eres mujer, no aspires a tener igual trato a la hora de hacer una entrevista para ser directivo de una empresa. Si quieres manifestar por tus ideas, ten cuidado en pedir permiso, o podrías ser multado. Y si nunca te has sentido privado de tus derechos merece la pena que te preguntes si en algún momento has sido tú a violar los de los demás, ya que “la libertad de uno termina donde empieza la del otro”.  

Doble ciudadanía: la respuesta a todas tus preguntas.

Ser ciudadano de más de un país tiene muchas ventajas y alguna desventaja. Sin embargo, no todos los países tienen las mismas leyes con respeto al tema. Así que no es lo mismo tener doble nacionalidad con Estados Unidos que con Canadá, ni se solicita de la misma manera. Si tienes alguna duda en propósito, este es tu artículo.

¿Qué es la doble ciudadanía?

Tener doble ciudadanía significa ser ciudadano de dos países al mismo tiempo. Se tienen, por tanto, los derechos y las obligaciones que implican las dos ciudadanías. Por otro lado, no es posible estar sujetos a las leyes de dos países contemporáneamente, así que a la hora de tener que juzgar al ciudadano se consideran las que están vigentes en el país de domicilio.  

¿Todos los países europeos permiten doble ciudadanía?

No. España, por ejemplo, permite la doble ciudadanía a los ciudadano de América latina, Filipinas, Andorra, Guinea Ecuatorial y Portugal. No obstante, no tiene convenio con los demás países, cuyos ciudadanos al solicitar la nacionalidad Española pierden automáticamente la otra. Lo mismo pasa en Alemania, Bélgica y Holanda. En la mayoría de los países europeos se aplica el ius sanguinis, que hace que todos los hijos adquieran la nacionalidad del padre y de la madre. En los casos en los que no sea permitida la doble nacionalidad, los hijos tendrán que elegir una de las dos ciudadanías una vez alcanzada la mayoría de edad. Por otro lado, hay países europeos donde no hay restricción con respeto a las nacionalidades que puede adquirir el ciudadano. Es más, en Francia se otorga la ciudadanía según el concepto de ius solis, es decir que el único requisito es haber nacido en territorio francés, independientemente de la nacionalidad de los padres.  

¿Qué ventajas tiene tener doble ciudadanía?

Principalmente más libertad a la hora de moverse entre diferentes países, gracias al doble pasaporte. También se tiene más facilidad en encontrar trabajo o en pedir residencia. En resumen, se agilizan todos los procedimientos burocráticos.  

¿Qué desventajas tiene tener doble ciudadanía?

Ser ciudadano comporta tantos derechos que obligaciones, por tanto tener doble ciudadanía implica responsabilidades hacía ambos países. Si, por ejemplo, tienes ciudadanía estadounidense aseguras servir el país en caso de necesidad. Sin ir tan lejos, un ciudadano español tiene la obligación de cumplir como miembro de mesa durante las elecciones si sale elegido y al no tener mucho cuidado con las comunicaciones del domicilio podría ser un problema acudir si vives en México. Otra importante desventaja es el doble pago de impuestos.  

¿Cómo puedo obtener la nacionalidad española?

Como ya se ha dicho, al tener al menos uno de los padres con nacionalidad española esta se transmite automáticamente al hijo. En el caso de doble nacionalidad, una vez alcanzada la mayoría de edad el joven tendrá que comunicar cuál de las dos elige a menos que España tenga convenio con el país de la otra ciudadanía.  

Es posible también solicitar la ciudadanía por residencia, cuando se da el caso de haber vivido el España durante los diez años anteriores a la solicitud y de haber aprobado los exámenes CCSE y DELE del Instituto Cervantes para demonstrar conocimientos tanto constitucionales y socioculturales que del idioma español.

El periodo de diez años se reduce a cinco para las personas que tengan condición de refugiado, a dos para los ciudadanos de los países que tienen convenio con España y a uno por matrimonio.

¿Cómo definir un ciudadano activo?

Lees el periódico todos los días, no te has saltado ni una votación desde los 18 años, estás al tanto de las últimas noticias sobre el gobierno español y tienes unas ideas políticas claras. ¿Se te puede definir un ciudadano activo?

La ciudadanía es una derecho que el individuo toma de forma efectiva una vez alcanzada la mayoría de edad. Eso porque normalmente se considera ciudadano solo él que vota en las elecciones y se estima que es necesaria una preparación previa para poder ejercer las obligaciones y los derechos que la ciudadanía comporta. Entonces, ¿un chico de 16 años que participa activamente en el instituto, por ejemplo siendo representante de los alumnos, no es un ciudadano?  

Un ciudadano activo podría determinarse como él que ejerce real y efectivamente sus derechos y obligaciones, con cada uno de las instituciones y esferas de lo público en una democracia real. Por tanto, no se trata solamente de prestar atención a los acontecimientos políticos sino tomar parte también en las decisiones que conciernen el colegio de tu hijo, la comunidad de vecinos, los espacios públicos del barrio etc…

Es más, ciudadano es a nivel local, nacional e internacional. Los españoles son ciudadanos europeos y, ¿por qué no?, del mundo. Así que ser ciudadano activo se convierte no solamente en saber a quién votar en las próximas elecciones municipales sino que también en tener que preocuparse de la situación de Europa y de los problemas que afectan el planeta entero. De hecho, en las definiciones más modernas de ciudadano activo siempre aparece el concepto de solidaridad. Ya no basta ejercer el derecho al voto y participar en las reuniones de padres para ser ciudadano activo sino que es necesario también ser consciente del calentamiento global y hacer recogida selectiva.  

Esta nueva concepción de ciudadanía está relacionada con la información y el desarrollo de un pensamiento crítico. En democracia, concepto estrictamente relacionado con el de ciudadanía, se respetan las diferentes opiniones pero se pide al ciudadano que tenga unas ideas propias. De ahí que el ciudadano activo es capaz de evaluar y de pensar de manera individual sobre casi cualquier tema. Aquí entran en juego las redes sociales y los medios, que, si por un lado garantizan más libertad de pensamiento al ser variados y accesibles, por el otro a veces hacen que sea difícil llegar a la información esencial.  

Es por esa razón que existen organizaciones como Ciudadano Inteligente que se preocupan de promover la transparencia y la participación ciudadana a través del uso innovador de las tecnologías de la información. El objetivo de este tipo de asociaciones es conseguir que las informaciones que llegan al ciudadano no sean veladas por los intereses de quienes las emiten. Se intenta concienciar y sensibilizar al ciudadano de manera respetuosa, bajo los principios de democracia y libertad de pensamiento y expresión. Es importante entender que no hay ideas políticas mejores que otras sino que opiniones diferentes fundadas sobre el conocimiento.

En conclusión, un ciudadano activo es sobre todo el que siempre está informado, a todos los niveles. Por tanto hay que implementar el interés de los jóvenes en este sentido y conseguir que documentarse sea no solo una obligación sino que sobre todo el placer de ejercer un importante derecho.  

¿Votar o no votar? – esta es la cuestión.

 

A pesar de la importancia que se otorga al derecho de voto sigue en pie el eterno debate, ¿si no me siento representado por ninguno de los partidos políticos, por qué ir a votar? Con diferencias sustanciales entre país y país siempre encontramos un porcentaje de población que elige abstenerse, ¿a qué se debe esta situación?

En España a lo largo de los años el porcentaje de votantes ha ido oscilando alrededor de un 75%, con un pico de 79,82% en 1982 y unas abstenciones record en 1979 y 2000 cuando votó en las elecciones generales respectivamente un 68,04% y un 67,71% de la población. En las elecciones del 26 de junio de 2016 se abstuvo el 30.16% de la población, que corresponde a 10,3 millones de españoles.

Según los expertos existen tres tipos de abstención, la que deriva de una decisión racional, la que es fruto de una rebelión en contra del sistema político o de los partidos y la que surge de acontecimientos independientes de la voluntad del ciudadano, es decir una abstención involuntaria. Cabe destacar que entre las decisiones racionales se encuentra también el desinterés hacia la política, que parece afectar sobre todo los jóvenes. En España, aunque el efecto Podemos-Ciudadano haya causado un importante aumento en el porcentaje de jóvenes que fueron a votar, siguen habiendo entre los votantes más personas mayores de 55 que menores de 34. No obstante, la mayoría de abstenientes de nuestro país declara serlo por desconfianza en los partidos, que nos les representa y por rechazo al sistema político, que consideran ineficaz.

De todos modos, el país donde menos se vota es Chile. Según las encuestas, en las últimas elecciones más del 60% de la población se abstuvo. Se considera como parte de la razón la reforma que en 2012 cambió el voto de obligatorio a voluntario (de hecho se constata de manera general una menor participación en los países donde el voto es voluntario). Por otro lado, hay que decir que en muchos casos los votantes no están registrados en el lugar donde viven y tener que desplazarse para ir a votar es para ellos una razón suficiente para no hacerlo. Sin embargo, la causa principal es sin duda la desconfianza en la utilidad del propio voto.

En contra de los que se abstienen, sea por desinterés o por rebeldía, están los que defienden el derecho al voto como la única arma que permitiría cambiar la situación. Según ellos, el voto representa la esperanza que tiene el ciudadano para mejorar la sociedad. Es más, no consideran la abstención como una opción a considerar porque, aunque exprese una libera elección, no aporta nada nuevo.

Asimismo, hay que considerar que el voto en España no es solamente un derecho, sino que también una obligación. Hay por tanto un porcentaje de ciudadanos que afirma votar porque siente que tiene que. Por otro lado, existen también los llamados votantes incondicionales, es decir los votantes que declaran votar un partido porque siempre lo hicieron o porque se sienten representados por una determinada ideología. Se trata de una categoría que se encuentra sobre todo entre los mayores y que en las elecciones de junio constituyó el 37% de los votantes del PP.  Aquí cabe dar voz a otro debate: ¿es peor no ir a votar o votar sin criterio? La solución al lector.